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Anillos Concéntricos

marzo 12, 2009

Existió un pensador de aguda pluma y más afilado pensamiento: se llamaba Hegel.

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Una parte de su obra la dedica a la idea de trascendencia.

Según él, esa idea asume el reto de la afirmación-negación ontológica en cuanto a la identidad.

La identidad, para Hégel, asume la forma de “anillos concéntricos”. Curiosamente la descripción realizada por la antigua civilización Atlante se correspondía con un esquema de reinos construidos en forma concéntrica según el orden jerárquico de sus integrantes.

Según Hegel, quien concuerda con la sabiduría de la Tradición Primordial, el anillo central, lo ocuparía el individuo. El siguiente nivel, la familia. Luego, el municipio o la localidad. Después, la provincia o región. La nación. Europa. El mundo o la humanidad entera… no es una clasificación única ni exhaustiva, pero es relevante en cuanto a la idea hegeliana de identidad. Puede haber otra clasificación de estos anillos concéntricos.

Hégel diría que, cuando trascendemos un nivel, cubrimos las necesidades identitarias del nivel anterior. Cuando alguien “lucha” por su familia, lo hace también por el individuo, por uno mismo. Cuando lo hace por su nación, también lo hace por él, por su familia, región, y demás niveles trascendidos hasta el nivel de nación. Cuando se trasciende hasta la humanidad, se hace por todos los niveles.

Tomando como referencia esta teoría, podemos observar algunos ejemplos prácticos que no la cumplen.

La sociedad democrática actual, imbuida en el materialismo más flagrante auspiciado por el capitalismo genocida limita la identidad al primer nivel. A lo sumo, al segundo, al de la familia. Las consecuencias, son evidentes: alienación, deshumanización, pérdida de espiritualismo y credenciales históricas, envidia, desarraigo, etc. En esta sociedad, prima el individuo, el “ego”, la identidad se reduce al yo, todo lo demás no importa.

Cuando uno no se preocupa de su entorno, político, social o cualquier otro, éste se acaba destruyendo. La nación pasa a ser un recuerdo del pasado, la identidad étnica una farsa, Europa una quimera, la UE un instrumento de control económico, etc.

El materialismo marxista también acaba con la idea hegeliana de trascendencia. Según Hégel, los marxistas no trascenderían. El marxismo se coloca en el nivel superior de la humanidad para eliminar todos los inferiores. Por un lado, esto se reviste y se propaga como un medio de solidaridad al destruir la superestructura (que, salvando las diferencias, podríamos asimilar a los niveles inferiores al de humanidad) que ata a los obreros del mundo. En este nivel sólo hay obreros. No hay obreros de un u otro país, nación, continente, cultura u otros niveles de identidad, porque han sido destruidos. Solo importa el nivel superior, como en el capitalismo, el inferior. Las consecuencias son, como en el liberalismo del capital, evidentes: destrucción de todo tipo de identidad personal, nacional, histórica, cultural y espirítual. Los sujetos pasan a ser la rex pública al servicio del ente supremo, la humanidad. La mujer y el hombre dejan de serlo para convertirse en parte de esa masa gris, sin identidad e indiferenciada que es el concepto de humanidad.

Sin embargo, hubo un espacio de tiempo en el siglo XX en que esto dejó de ser así:

Durante la Alemania nacionalsocialista, las Waffen-SS representaron un claro ejemplo de máxima combinación de todos los niveles étnico-culturales. Albaneses, armenios, belgas, croatas, checoslovacos,daneses, estonios, españoles, finlandeses, franceses, griegos, holandeses, ingleses, italianos, letones, lituanos, noruegos, rumanos, rusos, suecos, ucranianos… lucharon al lado del Reich. ¿Por Hitler?, no. ¿Por su país?, tampoco. Luchaban por todos ellos y por muchos más. Lucharon por la defensa de Europa frente al enemigo comunista y capitalista y al hacerlo por ella, por Europa, lo hicieron por todos los niveles inferiores.

La División Azul es otro buen ejemplo de nuestra historia reciente. En España se había vencido el peligro bolchevique. Pero voluntarios de gran valía se marcharon a miles de kilómetros a luchar por lo que algunos llamaban “la guerra de otros”. Pero nada más lejos de la realidad, lucharon por una Europa unida, por el nivel más alto de los pueblos europeos. Y al luchar en este nivel, lo hacían por ellos, por sus familias, por su nación.

Algunos consideran que al luchar por tu nación, luchas por Europa. Esa concepción en realidad es un error. Cuando alguien lucha por su nación, lucha solamente por su nación. La lucha cubre todos los niveles inferiores hasta el de nación, nada más.

Hasta 1939 esa ”tradicional” lucha por la nación sembró Europa de guerras fraticidas lamentables, pues toda guerra entre europeos es una guerra entre hermanos. Para evitar repetir los errores del pasado, los pueblos europeos deberán mantenerse unidos en un mismo espíritu común, en defensa de nuestra identidad, la lucha ha de estar en el nivel Europeo.

En definitiva, luchar a ese nivel no está reñido con luchar a otro nivel inferior. Lo importante es que esa lucha no sea incompatible, es decir, que se trascienda. El que lucha por su nación ha de ser consciente que también lo hace por los niveles inferiores. El que lucha por Europa ha de comprender que lo hace por su nación y los niveles inferiores. De lo contrario, no tendría sentido la identidad, sería lo mismo que el marxismo.

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2 comentarios

  1. de verdad GAZ


  2. […] ello permitidme resumir chabacanamente la teoría filosófica de los anillos concéntricos de Hegel, que viene a decir algo así como que quieres más a tu hermano Manuel que a tu prima […]



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